#003 Mírala, mírala, mírala

“Mi primer concierto lo di aquí en Tijuana, por eso esta noche es muy especial”, y por muchas razones más, el público cantamos y bailamos con una artista excepcional que ha sobrevivido escándalos, excesos, enfermedades y el inesperado giro que ha tomado la industria musical. El 1 de agosto de 2026, el público tijuanense se dio cita en la noche para celebrar 38 años de carrera de Alejandra Guzmán.

Fiel a su estilo, la Guzmán abrió su espectáculo cantando desde el capó de un auto acompañada de sus músicos y bailarines. “Mírala, mírala, mírala…” cargada de energía entregándose a sus fans. Con su voz ronca, de la que ha hecho su sello particular, no sólo interpretó sus temas sino que rugió apasionadamente al amor, al despecho y al desmadre. 

Los que nos quedamos es su nueva gira y un vaivén de emociones donde conviven la música, la danza y el teatro en números donde veíamos a Alejandra Guzmán serena y etérea recostada en el segundo piso de la escenografía o presumiendo a sus bailarines en una bellísima coreografía a contraluces que reflejaba el lado más íntimo y dulce de la cantante. No fue sólo un concierto, sino un espectáculo en el que cada movimiento se hacía en armonía con el mensaje de cada canción.

Uno de los momentos más emotivos fue un homenaje a su madre, la mítica actriz Silvia Pinal, a quien le dedicó su más reciente canción al mismo tiempo que se proyectaban fotografías y videos de los eventos más significativos de la diva con su hija, tributo al que todo el público se sumó rindiéndole aplausos a una de las figuras más importantes del medio artístico de nuestro país.

Si bien, hoy en día el éxito se mide en viralidad y estadísticas superficiales, queda claro que cuando hay talento siempre habrá un público que lo aprecie. Cada paso que daba en el escenario lo daba con autoridad. En dos horas de show, la Guzmán demostró que su espíritu es tanto o más inquebrantable que sus caderas de titanio.

A pesar de las fallas técnicas, destacan las ganas de reinventarse y seguir apostando por nuevas tecnologías, aunque a veces se pierdan en el experimento, como el robot Unitree que había anunciado al arranque de la gira o los videos de fondo generados con inteligencia artificial que, si bien no incomodaban, no aportan al espectáculo. Aunque el ritmo de la presentación no decayó en ningún momento, se veía a la cantante desorientada al brincar de una canción acelerada a una balada más moderada, quizás más por el orden del repertorio elegido.

Es evidente su constante entrenamiento en danza y colocación vocal que le permitió verse fresca a lo largo de la presentación. Queda demostrado que sabe hacer de su arte un espectáculo entretenido y estremecedor para su público. Alejandra Guzmán es una artista que no se ha rendido a sólo vivir de la nostalgia de sus éxitos, sino que sigue luchando por mantenerse vigente y derribar los obstáculos que se le pongan enfrente.

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