#005 Encuerarse como manifestación artística

Quien tenga miedo de ser como es, que se vea al espejo o que vaya al cabaret para encontrar su lugar seguro. Es entre las luces, las plumas y las lentejuelas donde nace el deseo de cantarle a la libertad. No todos los cuerpos son conscientes de su belleza hasta que pisan el escenario con la misión de entregarse al público que cede ante el encanto del artista y se rinde en su aplauso.

No es sólo el acto de desnudarse, sino todo lo que ocurre antes de hacerlo; es un ritual que inicia con una mirada seductora y un atuendo que hipnotiza al más escéptico. Cada pisada se ejecuta con precisión mientras se nos deleita con un baile, un canto o una acrobacia elegante que da paso al jugueteo con el cuerpo mismo. Mientras que en otros lugares, el cliente es quien objetiviza el cuerpo que tiene enfrente, en el burlesque es la vedette quien tiene el control del acto.

El cuerpo pertenece a cada uno y es perfecto a su manera. Es libre de ser y de exponerse como es. La creatividad del artista le permite usar su cuerpo como herramienta de expresión para ofrecer un acto lleno de algarabía, sensualidad y amor propio que se contagia. Su objetivo no es la explotación sexual sino el empoderamiento.

Si bien hay chiflidos de la calle que ofenden, en el cabaret se transforman en elogios que premian la destreza de la vedette, quien responde mostrando no sólo su cuerpo, sino su identidad. Cantar exige resistencia, bailar pide disciplina y hacer striptease requiere preparación y condición física. El cabaret no se burla del teatro ni del ballet clásico, sino que utiliza sus elementos y los transforma en un discurso sobre cómo se observa el cuerpo en un espectáculo.

Con una variedad de actos, como danza aérea, monólogo y striptease, se llevó a cabo la quinta edición del Festival de Burlesque y Cabaret en Tijuana. Artistas locales e internacionales se presentaron por tres noches consecutivas ante cientos de asistentes. El evento fue organizado por Ana Ávila, conocida como Lady Blue, y la compañía Di Notte nel Cabaret, con el respaldo del Instituto de Servicios Culturales. 

Tijuana fue nuevamente escenario de grandes estrellas que demostraron que el amor propio no cabe en un cuerpo y merece la pena compartirse. El público no aplaudía solo por asombro, sino por respeto y reconocimiento, pues cada espectador podía verse reflejado en el escenario a su manera, y si la vedette se empodera, el público también.

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