#008 Primero equivocarse, después volar

A pesar de las dificultades climáticas y los obstáculos que surgen de la actividad humana, las mariposas son capaces de atravesar naciones enteras en rutas que su instinto les guía. La nueva puesta en escena de la compañía Los Trashumantes sorprendió al público con una propuesta ingeniosa en la que los personajes buscan entender qué es la libertad y a qué precio se consigue.

Don vive en su apartamento tranquilo e interactúa con su entorno, como si no pasara nada. Y es que para él, no pasa nada, sigue llevando su rutina de lo más normal y nada lo detiene. Tomó la decisión de irse a vivir solo por primera vez, a pesar de la preocupación de su madre. Él vive feliz, demostrando que sí puede, tocando la guitarra y creando melodías que lo hacen sentir vivo.

¿Sabes cuántos pasos hay entre tu cama y el armario? Aunque la ceguera no es un obstáculo para Don, sí lo son quienes lo rodean y toman decisiones por él. Como si una incapacidad desvalidara su persona. No se le permite sentir los fracasos ni los errores como parte del aprendizaje que todos vivimos. Equivocarse también es un derecho así como afrontar las consecuencias, porque si no, no hay madurez, no hay crecimiento personal y no habrá herramientas para afrontar futuros conflictos.

Y es que equivocarse es fundamental para aprender, sobre todo en cuanto a decisiones personales se trata. Estamos en constante búsqueda de nuestro ser y para ello, debemos interactuar con nuestro entorno, con nuestros vecinos, confiar en ellos, cometer errores y afrontar las consecuencias. Don está ávido de enfrentarse al mundo, mientras que su vecina Jill, es impulsiva en sus decisiones y se abruma con el resultado. El reparto, sabiamente elegido, sostuvo esta tesis a lo largo de la obra, transmitiendo el deseo y las ansias de libertad de sus protagonistas sin caer en la caricatura.

Don nos enseña que el valor de una persona está en su capacidad de afrontar la vida, así como las mariposas encuentran su destino a pesar de las dificultades. El cómo se visten los demás o qué aspecto tienen no tiene valor para Don, pues él quiere comprender el mundo sin prejuicios, porque entiende la vida de una manera distinta. 

Las mariposas son libres, de Leonard Gershe, nos enseñó todo un universo en un apartamento con una escenografía contenida que, con mamparas, una cama y algunas puertas, bastó para transportarnos a la Nueva York de los años setenta bajo la dirección de Paul Paredes. Don necesitaba volar, tanto como Jill. Aunque ambos puedan perder el rumbo en ocasiones, entienden que a veces se necesita tocar fondo para después impulsarse y llegar más lejos.

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